
El creador francés, “maestro de la alta costura”, presentó lo que bien pudo haber sido su última colección, en un contexto de crisis empresarial que puede significar el cierre de la casa.
Los modelos se caracterizaron por ser sobrios y muy clásicos, en concordancia con el momento triste que la firma estaría viviendo, y se mostraron en pasarela durante la semana de la alta costura de París. De todas formas, la distinción que es marca del orillo de Lacroix no faltó a la cita, que vale decir que las modelos participantes no cobraron honorarios. A pesar de haberse tratado de una colección realizada con recursos escasos, no fue precisamente este rasgo el que se dejó ver, aunque si la sobriedad, pero como recurso positivo. El negro fue predominante, algo que no era lo normal en el estilo del diseñador. Sobre el final, un cartel que rezaba “Christian Lacroix Forever”, dio lugar a la nostalgia.

